No podemos alimentarnos a través de la respiración.

Nosotros no poseemos los elementos, la estructura ni el medio ambiente para realizarlo:

Nuestra materia (cuerpo físico) está todavía en proceso de depuración, tiene que reciclar la energía-basura y transformarla.

El cuerpo materia del hombre es un procesador de energía burda, es una fábrica de elementos químicos que modifica y altera la energía densa, transformándola en energía más sutil y menos dañina.

Lo que estamos explicando, es un conocimiento mental, para que nosotros podamos comprender lo que nos sucede, y a través de este conocimiento y entendimiento, logremos transmutar la densidad en la que nos encontramos.

De esta manera podremos mejorar enormemente nuestra condición de vida y la de nuestras generaciones posteriores.

¿De qué vale mejorar nuestra energía materia si mentalmente estamos densos?

No sirve de nada.

Este conocimiento, nos quiere mostrar que en el universo primero son los pensamientos y la mente, todo lo demás es consecuencia de lo anterior. Cuando la mente y los pensamientos están ordenados, se volcarán en el exterior y serán aplicados con sabiduría. Algún día todo lo que nace en la mente se plasmará y ejecutará, no tengamos la menor duda.

Las dimensiones superiores insisten tanto para que nosotros aprendamos la importancia de ser, no por una enseñanza repetida o mal transmitida, sino por propia experiencia. Solo así quedará grabada la esencia y solo así también servirá para la transformación de nuestras energías pensamientos.

Esta es una de las razones por lo que las dimensiones superiores no se presentan directamente ante nosotros y nos cuentan todo lo que saben. Nosotros escucharíamos, trataríamos de entenderlo y todo quedaría en un nivel de conocimiento y no de entendimiento; No se avanzaría nada. El entendimiento en estas condiciones es superficial y no se graba, porque no lo estamos viviendo, percibiendo y experimentando en carne propia.

El universo nos consideraría híbridos sin correlación conceptual; seríamos pensamientos fluctuantes e indefinidos, cristales que grabaron un conocimiento transmitido y no adquirido. Esto marca la diferencia. El desarrollo de la especie-hombre es lento pero seguro, y las dimensiones superiores no pueden intervenir en el desenvolvimiento natural de las especies ni de los planetas. El desarrollo debe ser natural y con la fórmula energética correcta.

El cuerpo materia hombre planeta Tierra, no necesita de tanto alimento, poco y bien balanceado se puede vivir perfectamente. Nos debemos alimentar equilibradamente.

Cuando la forma-hombre fue creada en el laboratorio, lo formaron con una energía más liviana y la programaron para alimentarse exclusivamente del reino vegetal.

Los planetas de la realidad inferior cumplieron con esa programación, pero algunos no lo hicieron como el planeta Tierra, experimentaron con alimentos procedentes del reino animal.  Esta alimentación equivocada nos llevó a la distorsión energética y a infinitas consecuencias de las que hasta hoy no nos podemos liberar. Muchas de las enfermedades, desgastes, deficiencias y genes mal formados derivan de esta mala alimentación. Lo peor de todo es que la energía-materia ya se acostumbró y con ello, deformó su secuencia genética y matemática.

Si todo se hubiera desarrollado dentro de los cánones universales, nosotros tendríamos las siguientes características:

Seríamos más altos, de contextura más delgada y no tendríamos uñas, pelos, dientes, ni intestinos, solo boca, esófago y estómago, y la eliminación se produciría por la orina.

Los sistemas circulatorio, respiratorio, óseo y muscular deberían haber sido sofisticados y muy sutiles.

Cuando los seres del planeta Tierra comenzamos a alimentarnos inadecuadamente, nuestra naturaleza se bestializó; cuando procreábamos, nuestros vástagos nacían con algún elemento congénitamente alterado.

Las realidades regulares hicieron todo lo posible por detener el avance de esta distorsión: la fórmula se había visto alterada y, para reciclarla, necesitaban esfuerzo y sabiduría. A medida que avanzaba la distorsión, ellos colocaban una energía modeladora para ayudarla a encontrar el camino correcto de creación, pues así podrían regresar a la fórmula primera.

Con este fin, nos injertaron nuevos sistemas y filtros que ayudaron a la forma-hombre a subsistir, y le colocaron los sistemas linfático y metabólico. Completaron el sistema digestivo creando los intestinos y la defecación, y mejoraron estos sistemas creando el hígado y los riñones, que se encargarían de filtrar y no dejar pasar nada que pudiese dañar a los otros sistemas. Extraerían lo necesario para el sustento de la energía-materia, y los desechos serían eliminados.

Solo de esta forma la realidad regular pudo salvar a la especie-hombre de los planetas primarios, y no solo los ayudaron materialmente: también colocaron filtros mentales (que corresponden a las 3 glándulas: pituitaria, rima y pineal) para que el trabajo de filtración estuviese completo.

Cuando la realidad regular comenzó a colonizar otras realidades, notaron que, al bajar de plano en plano, la energía sutil se condensaba. Cuando llegaron al planeta Tierra, encontraron mucha dificultad para adaptarse: se confrontaron con elementos diferentes y extraños que no pudieron vencer, se enfermaron y distorsionaron.

Al principio fue imperceptible: la distorsión contaminó la energía hasta llegar a casos extremos e irreparables. Hasta hoy la forma-hombre del planeta Tierra lucha por salir de la densidad y rectificar su energía.

Aquellos que continúan despiertos ya están regresando a sus orígenes, alimentando adecuadamente su materia y sus mentes, están transformando sus cristales, devolviéndoles su sutileza, claridad y perfección.

La energía-hombre nunca fue creada a imagen y semejanza de los animales, siempre fue especial. Cuando se alimentó inadecuadamente y empezó a imitar a los animales, se convirtió en uno de ellos y su figura se animalizó:

Le crecieron dientes, uñas y pelo, sus sentidos se atrofiaron, su piel se oscureció, su sangre se espesó y su masa encefálica se volvió lenta. Al comer animales se estaba alimentando de energía densa y de una calidad inferior.

 Estos elementos se mezclaron con la energía del hombre, y este descendió al reino animal. El hombre-bestia-materia prevalece aún en aquellos que viven según las zonas cerebrales 1 y 2. En estas 2 zonas se encuentra la memoria genética de sus recuerdos: un animal salvaje de instinto y sensación.

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