La enfermedad se fue apoderando de las dimensiones superiores.

El principio único había sido creado con un legado universal: lo tenía impreso en sus elementos y estos se activaron cuando su mente se llenó de conocimiento y entendimiento.

Cuando las energías pensamientos comenzaron a sentir que las ideas del principio único eran diferentes, comenzaron a sentirse también así, diferentes los unos de los otros, y si antes se habían ordenado y clasificado por semejanza, comenzaron a ordenarse por correlación creativa.

Hasta el momento habían podido existir en las 3 glándulas (pituitaria, rima, pineal de la mente universal), más al percibir las diferencias entre ellas, tuvieron que dividir a la mente universal en zonas, clasificándolas por sus características de continuidad en el pensamiento.

Estudiaron el proceso creativo y el deseo-creador y se dieron cuenta de que la creatividad era un proceso de desarrollo que comenzaba en la imaginación y que luego, en algún momento, tomaba forma en alguna parte de esta mente.

El orden consistía en la continuidad del pensamiento.

Repararon en que toda la creatividad había tenido siempre una relación con todo lo que existe, porque cada origen había generado una secuencia. Esta fue separada en códigos genéticos y a través de ellos, pudieron estudiarlas, sobre todo lo que se refería a la mente universal. Fue aquí donde llegaron al origen de la enfermedad, y al hacerlo, pudieron aislar a las energías pensamientos adversas, las colocaron en cuarentena y les quitaron la numeración matemática en su proceso de desarrollo y continuidad.

Consecuentemente estas energías pensamientos se quedaron estancadas, sin evolución ni elevación. Estaban creadas más no podían desarrollarse.

Las energías pensamientos enfermas fueron aisladas y colocadas en cuarentena. Cuando ellas se vieron alejadas de su centro, de su eje, se unieron y formaron una fuerza paralela de oposición tan fuerte que los otros se vieron obligados a destruirlas para siempre. Pero al colocarlas en cuarentena, lo único que habían logrado era detener la enfermedad, mas no la habían curado. Necesitaban hacerlo, porque si no la enfermedad se diseminaría por el todo.

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