¿Cómo un principio único puede tener una falla, una enfermedad, una faja oblicua? Nos estaremos preguntado.

La perfección no existe.

La mente universal siempre está reciclando, modificando, transmutando, por lo tanto, su principio único constantemente está absorbiendo y reformulando, porque él se evoluciona, se eleva y la alimentación constante de nuevos datos trae muchas veces pequeñas fallas que luego se reciclan y se adaptan.

La disfunción etérea fue causada por un desequilibrio en las energías pensamientos de la mente de nuestro ser uno.

Nosotros nos encontramos en él y percibimos una anomalía que nos estaba afectando. Si no tomábamos todas las precauciones del caso, hubiésemos sido reciclados por él y mandados a nuevas creaciones.

Antes de que esta falla ocasionara el desfase, el cerebro universal del ser uno se mantenía unido. Era una mente igual y uniforme, sus energías pensamientos se trasladaban de un lado a otro y funcionaban con equilibrio, orden, conocimiento, entendimiento y amor. Se sentían libres y en perfecta armonía.

El principio único creaba con el deseo-creador, sin reparar en que su deseo crearía un desfase de sus energías pensamientos. El deseo que el imprimía en sus creaciones no salía con la misma intensidad, ritmo, frecuencia y vibración. Su creatividad era inestable y no poseía la calma para emitir sus ideas. Esta pequeña contrariedad le produjo serias consecuencias, pues cuando las ideas salían, sus hijos pensamientos la ordenaban y clasificaban. Ellos lo hacían por semejanza y no por correlación.

Al comenzar a juntarlas no repararon en que la mayor parte de ellas había inclinado el cerebro del ser uno hacia el lado izquierdo. Su glándula pituitaria se alimentaba demasiado de las ideas-semejanza y al hacerlo, la mente perdió el equilibrio de sus creaciones.

Lo ideal era que las 3 glándulas se nutriesen uniformemente, más como no fue así, la balanza se inclinó más de un lado. Esto significa que el lado derecho tenía menos ideas, y por lo tanto no respondería en forma equilibrada. Así pues, el cerebro del ser uno se dividió en 2 partes: izquierda y derecha, que hasta hoy prevalecen.

Todos los seres diseminados en el universo entero estamos formados de esta manera.

Hoy en día, las dimensiones superiores mantienen al cerebro universal en perfecta armonía de equilibrio, sin embargo, las dimensiones inferiores inclinan aún su lado izquierdo.

Nosotros, seres humanos del planeta Tierra pertenecemos al tercer plano de la tercera dimensión, somos totalmente inestables.

Cuando procreamos, nuestro principio único lo hace sin equilibrio, por esto nuestros hijos nacen tan diferente unos de otros. Dependerán de la vibración, ritmo, frecuencia y estado en que los engendremos, y como no tenemos el conocimiento, procreamos por el placer de los sentidos y no por el conocimiento, entendimiento y amor. Si fuera así, nuestros hijos no serían procreados, sino creados.

Creación: producción de algo a partir de la nada o realización de algo a partir de las propias necesidades, obra o ingenio de arte o de artesanía que demuestra gran inventiva.

Procreación: propagar la propia especie por medio de la reproducción.

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