Nuestra realidad es tan palpable como la de los mundos antimateria. Nosotros existimos en la fantasia y los mundos antimateria son la realidad y la verdad.

Las dimensiones superiores tienen una visión global el todo; saben y conocen la causa y el efecto tan bien que nada escapa de la percepción universal. Por eso todo lo que desean, crean y piensan tiene un fin determinado. Su existencia es útil y necesaria.

Su energía pensamiento no fluctúa: es real y según esta, se mueven y ejecutan las necesidades del universo.

Ellos existen en la verdad del todo y esta verdad les da la luz de sus vidas. Nada se esconde todo es claro, diáfano, leve, porque se miran con la verdad.

Nosotros (los seres humanos) al tener la luz, vemos donde realmente vivimos. Pero  estamos dentro de un basural. Caminamos entre ella, la respiramos, la comemos, la digerimos y la volvemos a comer. En forma general somos energías pensamientos, superficiales, vacías, densas y distorsionadas.

Cuando  despertamos en los mundos primarios densos (como la de nuestra realidad, planeta Tierra), comenzaremos a entender el entorno de nuestra realidad, abrimos los ojos internos y vemos el mundo tal cual es. Por primera vez comenzamos a vivir correctamente. Rechazamos la basura en que estuvimos viviendo, captamos la realidad de nuestro entorno, lo vemos, lo olemos , lo sentimos y al percibirlo tal cual es, comenzamos a sentirnos incómodos.

Nos convertimos en seres más exigentes con nosotros mismos: escogemos, analizamos y determinamos los alimentos, las costumbres, las amistades, el trabajo y el entorno de nuestra vida, las emociones y los pensamientos. Centramos la vida a través de los parámetros de existencia, y a pesar de encontrarnos en la basura, esta no nos ensucia, porque no la pisamos, no la respiramos y no la comemos.

Hemos formado nuestro campo gravitacional. Es un traje especial que filtra lo inservible y lo transmuta en servible. Dentro de este campo nos alimentaremos de nuestras propias emanaciones energéticas, que salen de la glándula pineal en forma de cristales leves, diáfanos, sutiles, triangulares y elevados. Así como el universo está protegido por una malla, nosotros individualmente hemos formado una protección de energía triangular, que no permite que se filtre la basura.

Vivir en la luz es tener conciencia de existir.

Las dimensiones superiores dan la vida al universo a través de la luz. Vibran a tal grado que la vida-luz se expande en movimientos por todo lo existente.

La idea, el pensamiento y toda la realidad no existen sin la luz. No es una luz como nosotros la conocemos; las dimensiones superiores existen en una frecuencia vibratoria canalizada, estructurada, moldeada y creada especialmente para la mente universal.

Cuando nuestras energías pensamientos se elevan a dimensiones de alto contenido de luz, entonces penetramos en los misterios del conocimiento universal.

 La realidad de la luz es intangible, profunda y de una realidad absoluta.

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