Cuando la explosión se produjo, las dimensione superiores fueron las menos afectadas, porque tienen la luz del conocimiento. Su capacidad no se distorsionó, son lo que deben ser y su universo es exactamente igual a la imaginación del creador. Ellos no necesitan entender, porque su trabajo no es entender el conocimiento: ya lo tienen asimilado totalmente a través de la percepción inmediata.

Saben que son ideas-pensamientos, el pensamiento es parte de ellos, descubrieron que no tenían la cualidad de pensar. Así se produjo la gran diferencia entre las dimensiones superiores e inferiores.  La primera tiene conocimiento grabado, percepción inmediata, razón, intuición, análisis, capacidad, lógica, memoria consciente.

Las dimensiones inferiores se diferencian en: conocimiento transmitido, percepción investigativa, raciocinio, investigación cognoscitiva, estudios conceptuales, captación experimental, emociones, sentimientos, memoria subconsciente y consciente.

Las dimensiones superiores no necesitan la cualidad de pensar, ellos son, su entendimiento es inmediato, ya está grabado en sus cristales.

Cuando nosotros (seres humanos) nos distorsionamos, fue el pensamiento que manipuló el verdadero conocimiento, porque lo entendimos mal. Lo interpretamos de acuerdo al conocimiento y entendimiento de nuestra propia percepción y lo grabamos y a imagen y semejanza de nuestra distorsión. Como no tenemos la percepción inmediata, percibimos los pensamientos bajo el concepto de percepción investigativa.

El magnetismo oblicuo distorsionó absolutamente todo. La masa encefálica no emitía químicamente los elementos adecuados y el cerebro reproducía distorsiónadamente los pensamientos. La energía pensamiento se enfermó profundamente.

¿Cómo hacer para rectificarla?

Lo primero que las dimensiones superiores y regular hicieron fue modificar la masa encefálica en nosotros, como la percepción inmediata no funcionaba, las sustituyeron por los sentidos, estos fueron elaborados químicamente para poder percibirnos a nosotros mismos y a nuestro entorno.

Los elementos de los sentidos fueron colocados en la base craneal, formando así parte de la glándula pituitaria. Como el conocimiento grabado no funciona, entonces son los sentidos que nos otorgan el conocimiento a la masa encefálica y esta los transmite al cerebro, las experiencias y vivencias, para que se graben a partir del conocimiento investigativo.

Hasta aquí todo funcionaba: los cristales, a través de los sentidos, se grababan acumulando el conocimiento que se formaba a través de la investigación, pero esta investigación es incompleta, porque no se clasifica, solo se asimila. Así que se creó el raciocinio. Este ordena, clasifica y distribuye las experiencias y vivencias las cuales en forma de cristales pensamientos, se colocan en las zonas que corresponden. Nuestro raciocinio es mecánico y el comportamiento igual, porque al enfocarnos solo en los sentidos externos, este raciocinio mecánico, es un resultado de nuestras sensaciones e instinto. Así hemos estado durante mucho tiempo, regrabando nuestros cristales pensamientos a través de los sentidos. No teníamos posibilidad de hacerlo de otra manera, nuestros pensamientos no respondían a los estímulos normales de cuando éramos ayaplianos.

Hasta hoy, muchos de nosotros continuamos regidos por el instinto y sensación; nacemos, vivimos y procreamos sin saber lo que nos sucede.

Ya ha llegado el día en que hemos acumulado a través de los sentidos tanta información en la masa encefálica y en el cerebro, que los cristales están tan aprisionados unos con otros, que no hay espacio. Es tanta la condensación, que se ha producido una gran explosión, un big ban. La masa encefálica continua con su trabajo, pero el cerebro se expande como conocimiento planetario, más no universal. Aquí estamos nosotros llenos de conocimiento planetario, sin saber que hacer con ello, sin entender para que sirve y sin poder aplicarlo, plasmarlo o ejecutarlo. Estamos ignorantes en nuestra realidad y trabajando con pensamiento mecánico. Nosotros simplemente vivimos, mas no existimos, porque la existencia es un resultado del pensar.

Es aquí, en este proceso, que nosotros nos reprogramamos (es decir, información sobre información), los cuales somos regrabados y aquella sabiduría ayapliana se durmió en lo más profundo del subconsciente.

Las dimensiones superiores, conscientes de esa reprogramación, tuvieron que tomar todas las providencias. Ellos se encontraron frente a una dimensión mental, que no había ocurrido en ningún otro lugar. El raciocinio no es suficiente, porque solo ordena y clasifica, más no cura.

Los cristales se enferman cada vez más, y las informaciones anteriores se enconden en el marasmo de nuestros cerebros.

¿Cómo hacer que la información de los sentidos no quedase como un pensamiento mecánico?

¿Cómo conseguir que ese pensamiento mecánico se convirtiese en dinámico?

¿Cómo se puede lograr que el pensamiento que alimenta al cerebro pueda entender lo que le sucede conscientemente?

¿Cómo recuperar el conocimiento ayapliano?

¿Cómo se lograría el regreso a la fuente primaria?

Los sentidos transmiten a la masa encefálica sensaciones que producen diferentes reacciones, y estas reacciones graban instintivamente la cualidad del sentido para luego pasarlas al cerebro, que las clasifica y ordena. Para lograr que las sensaciones se clasifiquen, el cerebro tiene que reproducir la sensación, y para ello necesita imaginarlo. Al hacerlo, el símbolo esta creado, al igual que en la realidad antimateria de los mundos superiores.

La dimensión superior inyecta elementos imaginativos en el cerebro, y las energías pensamientos comienzan a actuar acordes con ello. De esta manera, los elementos producen una reacción en cadena:

La imaginación crea la memoria

La memoria crea la correlación

La correlación crea la continuidad

La continuidad crea el lenguaje

El lenguaje crea la expresión

La expresión crea la comunicación

La comunicación crea el entendimiento

Imaginación – memoria – correlación – continuidad – lenguaje – expresión – comunicación – entendimiento

Los cristales pensamientos están regrabados totalmente, con informaciones propias del planeta Tierra, y el conocimiento universal ayapliano está oculto en lo más profundo de nuestro cerebro, con posibilidades de aflorar y recordar.

El cerebro funciona por una secuencia natural de correlación imaginativa. Nosotros activamos los elementos, y estos reaccionan químicamente, haciendo funcionar la maquinaria pensamiento. Hasta aquí nosotros funcionamos, pero más o menos como un robot, todos nuestros movimientos, actos y acciones se limitan a las imágenes simbólicas que nosotros poseemos en el cerebro. No solemos pensar, y al no hacerlo, no tenemos vida propia. Es como tener una vida colectiva.

¿Cómo individualizamos el cerebro?

¿Cómo hacer para que tenga vida propia?

Las dimensiones superiores han llegado a la conclusión de que el cerebro funciona y lo hace muy bien, pero este no es consciente del trabajo. Lo realiza mecánicamente, y por tanto no posee la dinámica que lo impulsa. Necesita del origen dinámico de impulsión. Este es un elemento químico colocado en la masa encefálica, el cual activa al cerebro para que responda y actúe independientemente de la imagen y símbolo. También lo hace trabajar conjuntamente con el lenguaje; así, este se enriquece. La imagen y el símbolo dejan de ser lo más importante, porque el lenguaje deriva en una expresión más completa.

Las dimensiones superiores, en conjunto con la dimensión regular, comenzaron a crear en el laboratorio el elemento químico perfecto, que hace funcionar a la masa encefálica y al cerebro con la dinámica adecuada a su entorno. Este elemento tiene que activarse por un sentido de atracción. A través del estudio e investigación, descubrieron el elemento sentimiento. Este elemento tiene que ser lo suficientemente atractivo como para desearlo, así se desglosa el elemento sentimiento, dividiéndolo en miles de elementos más. Así descubrieron las emociones. Junto a estos elementos, acondicionaron otros que moldean los anteriores, como la atracción y el rechazo, y estos fueron clasificados como agradables y desagradables.

Cuando los elementos se van sumando y grabando en una continuidad y correlación, comienzan a construir e hilvanar energías pensamientos llenas de experiencias y vivencias, y al cúmulo de estos elementos se le llama conciencia.

Cuando la conciencia está formada en nuestro cerebro, podemos por primera vez percibirnos a nosotros mismos y a nuestro entorno. Es la conciencia la que da la capacidad de percepción, y al tenerla, gozamos de la posibilidad de escoger. A esta cualidad se le da el nombre de libre albedrio.

Cuando el cerebro escoge por sí mismo, diferenciando los estados de conciencia, este activa un proceso, una maquinaria que nunca termina, que es el pensar.

El pensar: cuando decimos la palabra pensamiento, nos referimos al cúmulo de conocimiento que existe en el pensamiento. El entendimiento del pensamiento puede diferenciarse por la capacidad cognoscitiva que el cerebro contiene.

Muchas veces el pensamiento transmitido realiza su función en la masa encefálica y nada más. En estos casos, el cerebro archiva el pensamiento y no le da el verdadero significado, porque al no tener el conocimiento universal, el pensamiento lo grabará de acuerdo a una proyección pobre y llena de faltas graves, tantas que nos quedamos presos en ellas. Es aquí donde comienza el verdadero problema. El aislamiento, la incomunicación, la oscuridad, la falta de entendimiento y el sufrimiento, sumados al hecho de no tener dentro de nosotros el verdadero pensamiento universal, hace que las energías pensamientos se graben según las señales de los sentidos, y como estos están distorsionados, la percepción no es auténtica.

Ya nos podemos imaginar lo que estamos grabando y lo que nosotros tenemos hasta hoy en nuestros pensamientos.

Las dimensiones superiores, con todo lo que nos estas enseñando (este conocimiento y otros) quieren que nosotros grabemos los pensamientos de acuerdo con los pensamientos universales de lo que nosotros somos, no de lo que pretendemos de ser debido a la distorsión.

Lo que nosotros pensamos que somos no es verdadero: la imagen que el espejo de la vida nos devuelve está totalmente fuera de la realidad.

Las dimensiones superiores trabajan arduamente para que nosotros para recuperarnos, más cuando piensan que lo han logrado, surge una nueva distorsión, porque nuestros pensamientos se apoyan en una base conceptual diferente a la de las dimensiones superiores.

Los pensamientos que se originan de pensamientos distorsionados tienden a marcar profundamente los cristales, tanto que, cuando se regraban, estos no pueden regresar a su estado natural, son como las heridas que por más que se cierran, siempre dejan cicatrices.

Descubrieron las dimensiones superiores que, para recuperarnos totalmente, no es cuestión del regrabar el pensamiento encima del pensamiento, sino que tenía que ser entendido profundamente, la energía debe de ser psicoanalizada, desglosada en millones de partes. De esta forma el pensamiento no tiene tiempo de grabarse. Esta es una manera de mantenerlo fluctuando, así, cuando llega al verdadero pensamiento universal se graba. Por esta razón se creó el pensar.

En el cerebro hay colocadas energías nimeos elementos consustanciales. Estos elementos no permiten que el pensamiento permanezca rígido, por el contrario, es flexible y se acomoda. Así puede controlar y fluctuar el pensamiento mecánico y el pensamiento dinámico, así también las zonas del cerebro intercambian energía y se retroalimentan, permitiendo una relación estable y sincronizada. Esta fluctuación de intercambio energético permite al cerebro modelar los pensamientos y los cristales dejan de sufrir la tremenda presión de regrabar y regrabar, evitando el desgaste y la rigidez. A este intercambio de energías del cerebro derecho hacia el izquierdo, a la retroalimentación de ambas partes, al autoanálisis constante, a la reformulación del pensamiento y a la posibilidad de grabarlo solo y exclusivamente cuando la energía pensamiento llega a unirse con el conocimiento universal se le llama pensar con pensamiento positivo.

El hombre de otras dimensiones que no se distorsionó no posee la cualidad de pensar. Ellos siempre tuvieron su pensamiento en orden y trabajando con su dinámica activa. No necesitaron psicoanalizarse ni entender profundamente. El conocimiento está a su disposición y, como tal, lo entienden y lo aplican según los cánones universales. Ellos existen en el consciente de la mente universal y nosotros en el subconsciente de la mente universal.

Nosotros tenemos que comprender que el sufrimiento que nos causó la distorsión es tan profundo que marca traumas psicológicos en nuestros cristales, y para salir del marasmo de traumas, de recuerdos dolorosos y escondidos en el subconsciente de nuestros cerebros, tenemos que trabajar mucho con nosotros mismos. Debemos pensar, analizar, buscar, entender, conocer y ser valientes para regresar a lo que realmente somos.

Cuando el pensar ordena adecuadamente al pensamiento universal, podemos decir que nos estamos recuperando, estamos formando al ser energético. Somos nosotros mismos en nuestra expresión verdadera, nos estamos curando y regresando a donde pertenecemos.

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