Nuestro cristal brillante tiene una forma romboidal cónica, 2 ángulos iguales, divididos en conos bilaterales. Primero lo dividimos en 2 partes horizontales y luego en 2 partes verticales, así se formaron 4 partes de igual tamaño.

Cuando se produjo la gran explosión, los elementos se dispersaron hacia todos los lados uniformemente. Al construir la membrana energética, pudimos recuperar absolutamente todo, nada se perdió, así el universo quedó encerrado en el brillante.

Al colocarnos alrededor del Principio Único que se encontraba en el centro, pudimos hacerlo girar en su propio eje. De esta forma, todo lo que se encontraba en ese brillante también comenzó a girar por la gravedad de la fuerza impulsora. Algunos elementos quedaron más cerca del eje y otros más lejos. Estos últimos fueron los más afectados, porque comenzaron a densificarse, petrificarse y solidificarse. El todo giraba, unos frente al eje, otros oblicuamente, aquellos horizontalmente y, por último, verticalmente.

Nosotros conocemos esta forma cómo átomo.

Así se formaron las dimensiones y los planos.

Las características en la densidad de sus elementos y la cercanía o alejamiento de ellos con referencia al eje determinaron su evolución y elevación.

Los movimientos elípticos determinaron la traslación y la rotación. El movimiento de traslación universal se realiza, en un período de 28 mil años para la dimensión primaria (en la que nos encontramos nosotros).

La dimensión primaria, secundaria, regular y perfecta se están alineando de tal forma que las 4 se encontrarán más cerca unas de la otras. Entonces se efectuará el cruce de energías. Intercambiarán energías pensamientos, desenvolviendo el conocimiento universal en forma acelerada. Significa una retroalimentación que generará un avance colectivo.

No todas las dimensiones giran a la misma velocidad, ritmo o cadencia, la frecuencia de estos movimientos va a depender mucho de la sutileza o de la densidad, de la cercanía o lejanía de su centro. Unos girarán muy rápido, y al hacerlo, la vibración y el ritmo emanarán un sonido agudo y otros sonidos bajos y de cadencia lenta.

Para que esta retroalimentación se produzca, hay que esperar que el todo entre en un orden perfecto, esperar que el movimiento de traslación universal se adecue y que el ritmo cósmico entre en una frecuencia cadenciosa, para que la maquinaria del universo no deje de funcionar.

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